lunes, 17 de agosto de 2009

Hace ya unas noches tuve un sueño tan extraño, que la sensación de "cuerpo raro" me acompañó durante unos cuantos días, amor. Más que sensación solamente, y más que sólo "cuerpo raro", es un malestar general que no sé explicar con exactitud científicamente, son síntomas quizás asintomáticos, difíciles de comprender, pero para mí peores que las enfermedades más comunes y corrientes, pues hacen que mi cuerpo, mi alma y mi mente se encuentren para el arrastre.

En esta ocasión, todo mi cuerpo estaba agarrotado y exhausto, como si hubiese estado corriendo una maratón diez veces seguidas el día anterior. Estaba pesado, agotado y dolorido. Y también estaba a flor de piel, completamente estremecido, y hasta entumecido a ratos. E interiomente... eso era lo que peor me hacía estar. Me sentía decaída y extraña, como ajena, la ansiedad me oprimía el pecho con violencia y respiraba acelerada y con dificultad, mi cabeza estaba embotada y anclada en imágenes de aquel sueño, que estallaban como misiles dentro de ella una y otra vez, como disparos de dolor repartiendo fuego ensordecedor por mis entrañas, rebotando sin cesar en mi interior y derrumbándome. Toda yo alterada y en alerta constante, el más mínimo ruido me desestabilizaba y aceleraba de nuevo mis pulsaciones, haciéndome sentir continuos pinchazos en el corazón, como si diez manos lo estuvieran estrujando al mismo tiempo, como si quisiera subir corriendo por mi garganta a trescientos kilómetros por hora para salir por mi boca como un cohete, con la firme intención de estrellarse y explotar contra lo primero que encontrara nada más hacerlo... y no seguiré hablando de todas esas sensaciones abrumadoras porque solamente recordarlas ahora mismo está de nuevo acelerándome la respiración, encogiéndome el corazón y poniéndome la piel de gallina pensando en cómo llegué a sentirme y lo mal que lo pasé aquellos horribles días.

En cuanto al sueño, amor... tú ya lo sabes porque solamente estábamos tú y yo en él, pero no fue como todos los otros sueños: no pude sentirte, notarte, tocarte como en las otras incontables veces... porque en esta ocasión, todo fue distinto amor. Aunque no haya sido una pesadilla propiamente dicha como solía tener tantas al poco de marcharte y bastante después, yo lo asemejo a una de ellas. Porque fue estremecedor como nunca lo había sido soñarte de forma "buena". Fue doloroso, ansioso y todo lo que ya he dicho de los síntomas que me dejó como huella durante días.

Y aunque ya lo hice un montón de veces, quiero preguntarte de nuevo el por qué, que me expliques el sentido y lo que todo significa porque yo no se lo he encontrado por más que me he estrujado los sesos. Esta vez no lo haré a gritos como te pedía en cuanto me desperté... pero necesito respuestas a muchas cosas.

Respuesta a por qué estábamos en la playa donde me pediste la mano, a qué hacías con mi anillo de compromiso entre tus dedos y por qué lo tiraste al mar. O por qué apareciste de pronto con un montón de cartas enrolladas dentro de un montón de botellas entre tus brazos y las dejaste a mis pies sobre la arena, acercándolas a mí con tus pies, empujándolas hacia mí. Por qué te diste la vuelta dándome la espalda y comenzaste a caminar por la arena en dirección contraria, alejándote de mí. Por qué cuando quise echar a correr tras de ti para detenerte, desesperada y hecha un mar de lágrimas oscuras, no podía ni moverme y estaba paralizada, como convertida en estatua de cemento, retorciéndome y forcejerando con todas mis fuerzas pero todo era inútil porque no pude dar ni un sólo paso hacia ti. Por qué giraste la cabeza, me miraste cabizbajo y serio, llorando... y no dijiste ni una sola palabra. Por qué tan sólo lanzaste un ligero beso al aire en mi dirección y te perdiste en la oscuridad de la noche y de las aguas, sin acercarte a dármelo o siquiera tocarme. Por qué quería gritarte de pura desesperación y agonía para que no te alejaras de mí y no tenía voz... por qué te acabaste fundiendo y desapareciendo por completo mientras yo únicamente podía alargar mis brazos hacia ti... muchos "por qués", muchos miedos, mucha incertidumbre y terror que me hicieron despertar de golpe, de un salto, completamente empapada en sudor y en lágrimas, con el corazón casi al límite del infarto preguntando sin cesar "por qué, por qué, por qué..."... gritando casi fuera de mí que qué era aquello, si era tu despedida, por qué lo hacías y por qué de aquel modo, por qué no te había sentido ni te sentía... todo eran interrogantes mientras era incapaz de calmarme y las lágrimas, ya despierta, seguían bañando la cama sin que pudiera detenerlas...

Todo aquello me marcó durante días, y todavía sigo inquietándome si lo pienso... porque han pasado muchas noches desde entonces y no he vuelto a verte, amor. Porque tampoco he vuelto a sentirte en ningún momento, y eso empieza a desesperarme. Porque necesito saber dónde estás, que sigues aquí o que vuelvas porque no sé a dónde has ido o dónde te has metido, y que me expliques ese sueño maldito al que no quiero darle el sentido que se le presupone, me niego a ello completamente. Porque si realmente fue un adiós, TU ADIÓS, y ésa tu forma de despedirte de mí, quiero que me des una explicación... y porque no pienso aceptarla ni aceptarlo, ni despedirme de ti ni dejar que tú lo hagas, que te vayas de mí... eso nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario